Un viejo estigma
                21/11/11
      Por Horacio Pagani
 

 

Un estigma de este tiempo puede servir para explicar un costado de las miserias que envuelven al juego futbolero doméstico. Hace muchos años Carlos Cavagnaro, quién llegó a la dirección técnica de Argentinos Juniors, a la edad récord de 22 años, decía en rueda de amigos: “Si el rival se queda con 10 jugadores hay que hablarles mucho a los muchachos nuestros para que no se desordenen y pierdan el partido”. Se parecía a una ocurrencia graciosa de muy poco cumplimiento en aquella época. Porque, generalmente, el equipo con superioridad numérica terminaba imponiéndose en el juego y en el marcador.

Tanto cambiaron las ecuaciones y las calidades -y no para mejor- desde aquellos años 60 que ahora la advertencia pasa a ser cada vez más cierta. Y se transformó en estigma. El equipo que pierde un jugador en el juego parece beneficiarse antes que perjudicarse. Sobran los ejemplos en este Apertura. En primer lugar porque se produce un golpe anímico a favor en los que quedan en el campo. La idea de redoblar el esfuerzo para salvar la diferencia, tiene ese perfil “heroico” que suele aparecer ante el infortunio. Y ese estado de exaltación tiende a lograr el equilibrio. Porque cuenta, claro, con la “colaboración” de los rivales. Que empujados por la obligación de hacer valer su superioridad desnudan todas sus falencias conceptuales y técnicas en la búsqueda. La urgencia trae apuros. Y los apuros, imprecisiones. Que se agrandan por la presión que significa saber que se cuenta con “ventajas deportivas”.

Este introito viene a cuento para explicar una de las razones del porqué Boca no le ganó a Racing, en la Bombonera. Cuando estuvieron once contra once el equipo Falcioni fue superior. Se suponía que Racing iba a salir en búsqueda de la victoria necesaria y no fue así. Boca tuvo el control de la pelota y produjo una mayor cantidad de situaciones favorables (sólo una tuvo Racing) que hicieron figura a Saja. Se notó en los locales la falta de creatividad en la llegada al área. Los remates al arco fueron desde afuera.

Apenas iniciado el complemento se fue expulsado Pelletieri por doble amarilla. Entonces, Boca se quedó con el compromiso de la victoria. Pero se dio la paradoja, más allá de la gran actuación del arquero visitante. Porque Racing empezó a insinuar una pretensión ofensiva que antes no había tenido, con el simple recurso del pelotazo. Y se produjo el cruce de Roncaglia a Teo Gutiérrez, de dudosa interpretación. El colombiano “lo pechó” al árbitro Pitana en un acto de irresponsabilidad y se ganó la expulsión.

Nueve contra once, todo siguió igual. Boca no pudo con Saja. Y Racing, a pura lotería, creo cierta tensión. Como para darle la razón al estigma.

Sitio desarrollado y mantenido por Walter Bansi  diseño Web derechos reservados 2008